miércoles, 22 de febrero de 2012

Emanuel Lasker


Emanuel Lasker nació en Berlinchen (provincia prusiana de Brandenburgo, Alemania), el 24 de diciembre de 1868. Falleció en New York (Estados Unidos), el 11 de Enero de 1941.

Infancia y Juventud

Lasker era de ascendencia judía, no en vano su padre era ministro de la sinagoga de su ciudad natal. Desde niño destacó por su inteligencia, a los 5
años ya sorprendía a sus profesoras al demostrar ciertos conocimientos sobre matemáticas. Su padre le envío a estudiar a Berlín donde le adelantaron dos cursos al ver su potencial, esta brillantez en la niñez es bastante común entre los ajedrecistas más destacados.

Fue durante esa época cuando aprendió a jugar al ajedrez, con su hermano Berthold como improvisado maestro. Pronto comenzó a sorprender a todos por su juego y sus comentarios sobre otras partidas. Y como todo en él era precoz, a pesar de su juventud decidió que el ajedrez sería la forma en que se ganaría la vida, las razones fueron simples: tenía más posibilidades de hacerse rico y podría viajar por todo el mundo.

Los comienzos fueron extremadamente duros, las dificultades económicas hicieron que pasase por situaciones realmente desesperadas. En ese tiempo vivía con su hermano Berthold y debido al poco dinero con el que contaban solo disponían de un traje para los dos. Cuando uno de los hermanos salía de casa el otro tenía que quedarse recluido, no era cuestión de salir desnudo a la calle...

La sensación Lasker

Pero Lasker supo sobreponerse a estas dificultades y pronto comenzó a obtener triunfos por toda Alemania, ganando un dinero que alivió su delicada situación financiera. Más tarde se desplazó a Inglaterra donde continuó con su serie de éxitos y reconocimientos. En 1893 cruzó el Atlántico en busca de los maestros estadounidenses, allí disputó varios matches en los que salió vencedor sin demasiadas dificultades. Sus victorias le hicieron creer que estaba preparado para retar a Steinitz por el campeonato del mundo.

Lasker lanzó un desafío oficial a Steinitz, tenía como aval sus victorias en los encuentros de Inglaterra y América, aunque salvando a Blackburne, sus rivales no habían sido muy fuertes (English, Bird, Von Bardeleben, Miniati, Golmayo...). Steinitz aceptó el reto del alemán porque, como confesó, admiraba su juego y el austriaco siempre fue un luchador que nunca se acobardó ante nadie.

Campeón Mundial

El match se jugó en New York, Philadelphia y Montreal, en 1894, estaba estipulado que el ganador se embolsaría 2.500 dólares y el perdedor sólo 750. Tras unos inicios muy igualados, Lasker consiguió imponer su mejor juego venciendo 5 partidas seguidas y aunque Steinitz luchó aguerridamente hasta el final nada pudo hacer para retener su corona. El resultado final fue 12-7 (10 victorias para Lasker, 5 para Steinitz y 4 tablas).

Lasker había dejado en la cuneta al pionero que instauró un nuevo estilo en el ajedrez. De hecho, el alemán había asimilado las enseñanzas de Steinitz pero de una forma más flexible, ya que no renunciaba al ajedrez combinativo, algo que la escuela clásica repudiaba. Lasker acumulaba pequeñas ventajas y las utilizaba para realizar bellas combinaciones en el final de la partida.

De todas formas el estilo del alemán es algo complicado de analizar, ya que según sus propias palabras: "no siempre hay que hacer la mejor jugada, sino que hay que hacer la mejor jugada para cada adversario", es decir, dependiendo del rival, Lasker variaba su estilo. Reti siempre comentaba que Lasker hacía malas jugadas a propósito para desconcertar a sus rivales, está claro que unía a su juego sus conocimientos filosóficos y psicológicos.

A pesar de esta victoria, Lasker recibió críticas al no ser considerado lo suficientemente fuerte para ostentar un título tan importante (principalmente del malhumorado Tarrasch). No consiguió reivindicarse en el Torneo de Hastings (donde acudieron los mejores jugadores de la época), pero se encargó de acallar a los descontentos venciendo en el importante Torneo de San Petersburgo, en 1895 (contra los 5 primeros de Hastings, menos Tarrasch) y en Nurenberg.

Defendiendo el cetro

La oportunidad definitiva de demostrar su potencial le llegó en un nuevo match por el campeonato del mundo, su rival sería un viejo conocido... de nuevo se enfrentaría a Wilhelm Steinitz, que había ganado este derecho en el mencionado torneo de San Petersburgo. El austriaco había agotado sus últimas energías en tierras rusas y llegó al match muy justo de fuerzas, no hay que olvidar que tenía 60 años. Como era de esperar el joven Lasker venció cómodamente, el resultado final fue 12'5-4'5 (10 victorias, 2 derrotas y 5 tablas). Era el canto del cisne para un gran campeón como lo fue Steinitz, un último coletazo en el que fallaron las fuerzas, pero que resultó un bonito homenaje a un gran luchador.

Una vez retenida su corona, Lasker dejó aparcado el ajedrez y se dedicó a terminar sus estudios de Matemáticas y Filosofía, doctorándose en la Universidad de Erlangen en 1900. De hecho Lasker daba más importancia a sus conocimientos en estos dos campos que al ajedrez, éste último lo utilizaba principalmente para ganarse la vida. A lo largo de su carrera hubo largas épocas donde abandonó el ajedrez y se dedicó de lleno a estas dos materias.

Durante el periodo de espera para poner en juego su título mundial no disputó demasiados torneos, aunque en los que participó lo hizo con bastante éxito. El nuevo rival escogido por Lasker fue el estadounidense Marshall, un joven jugador con espíritu romántico y gran fama adquirida en la arena de los torneos europeos. El encuentro tuvo lugar en el año 1907 y fue un verdadero paseo para el campeón. Tras un comienzo arrollador terminó imponiéndose por 9'5-3'5 (8 victorias, 7 tablas y 0 derrotas).

Al año siguiente un nuevo rival llamó a su puerta dispuesto a arrebatarle el cetro de Rey del ajedrez. Y esta vez Lasker no se podía negar, el jugador que lanzó el guante al campeón fue Siegbert Tarrasch, persona con quien mantenía una manifiesta enemistad. Ambos jugadores divergían en cuanto a su concepción del ajedrez, algo demostrado en varios escritos en los que se habían cruzado palabras cargadas de ironía y desprecio.

Tarrasch no ocultaba su odio hacia Lasker, algo que preocupaba a la organización del match, que tomó la decisión de organizar una reunión para tratar de reconciliarles. En dicha reunión, Lasker esperaba sentado en un salón junto al director del encuentro, cuando Tarrasch apareció en el umbral de la puerta, hizo una reverencia y dijo "Para usted Señor Lasker, sólo tengo dos palabras: ¡Jaque mate!", hizo otra reverencia y se fue. Con esto daba a entender que el encuentro sería una lucha sin tregua. Como veremos, Lasker se tomó cumplida revancha a esta ofensa, que no dejaba de ser una forma de tratar de desconcertar al campeón antes de la primera partida.

El duelo con Tarrasch fue seguido con gran interés por los aficionados, para muchos de éstos el mejor jugador del mundo era Tarrasch (de hecho le bautizaron como el 'campeón del mundo de torneos') y veían el encuentro como la gran posibilidad de demostrar la supremacía del aspirante. Lasker comenzó ganando las dos primeras partidas y llegó a adquirir una ventaja de 5-1 que supo administrar hasta el final. Tarrasch tuvo momentos donde resucitaba cual ave fénix, pero la distancia en el marcador era demasiado grande y Emanuel retuvo el título con un resultado final de 10'5-5'5 (8 victorias, 5 tablas y 3 derrotas).

Tras esporádicas apariciones en algún torneo decidió poner su título en juego una vez más. Esta vez el afortunado fue otro jugador de fuerte temperamento: David Janowski. El match se celebró en París, en 1909, y como en encuentros anteriores Lasker venció con pasmosa facilidad: 8'5-2'5 (8 victorias, 3 tablas y 1 derrota).

El único rival que consiguió plantar cara a Lasker en un match por el Campeonato del Mundo fue Carl Schlechter. De hecho, Schlechter puede presumir de no haber sido derrotado, el match terminó en empate: 5-5 (1 victoria para cada uno y 8 tablas). El encuentro tuvo lugar en Viena y Berlín en el año 1910. Como se esperaba, por el estilo de ambos contendientes, la igualdad predominó en el encuentro, con muchas partidas que finalizaron en tablas. Se llegó a la última partida con empate en el marcador, pero Schlechter necesitaba imperiosamente la victoria ya que el empate daba el título al campeón vigente. Dicha partida fue espectacular, Schlechter olvidó su estilo conservador y se lanzó al ataque utilizando hasta el último peón, Lasker se defendió con orden y precisión y consiguió forzar las tablas que le permitían retener el título. Tras el match, Schlechter fue bautizado como "Campeón de medio Mundo".

Lasker también fue pionero en otros aspectos: fue el primer ajedrecista en exigir altas sumas de dinero por participar en exhibiciones, match o torneos (como más tarde haría Bobby Fischer). El campeón tenía miedo a terminar sus días como Steinitz, que tras haberlo sido todo en el mundo del ajedrez acabó viviendo de la caridad. Trató de que los Maestros fuesen tratados como la parte fundamental del ajedrez (razón no le faltaba) y que acorde a esto se les pagase lo que merecían.

Lasker recibió alguna crítica por su bajada de rendimiento en el último match, por lo que quiso redimirse ante la afición con un nuevo encuentro con David Janowski, que tuvo lugar en Berlín en 1910. David solicitó este nuevo encuentro aduciendo que en el anterior su nivel no había sido el real. Lasker volvió a vencer con gran facilidad: 9'5-1'5 (8 victorias, 3 tablas y 1 derrota). Janowski tuvo muchas partidas a su favor, pero debido a su pobre preparación en los finales no consiguió rematarlas. Esta claro que el estilo agresivo y de ataque de Janowski no servía para vencer al pragmático Lasker.

Torneo de San Petesburgo, 1914

El siguiente hecho reseñable en su carrera fue el Torneo de San Petersburgo de 1914, el club de ajedrez de dicha ciudad disponía de un presupuesto muy alto e invitó a los maestros más fuertes del planeta. El torneo constó de 2 fases, la primera era clasificatoria y la segunda un torneo final partiendo de los puntos logrados en la fase anterior.

La primera parte del torneo fue liderada por Capablanca, que terminó con punto y medio de ventaja sobre el segundo.

Para el torneo final se clasificaron los 5 primeros y fue allí donde Lasker demostró su grandeza, fue limando poco a poco la ventaja de Capablanca hasta llegar a la partida que les enfrentaba. Lasker jugó con gran precisión y se apuntó la victoria, lo que le catapultaría al triunfo final en el torneo.

Este torneo entró en la historia del ajedrez porque los 5 primeros clasificados recibieron el título de Gran Maestro, entregado por el Zar (era la primera vez que se entregaba dicho título en toda la historia). Como es lógico, este evento fue seguido en todo el mundo y una multitud de periodistas viajó a la ciudad rusa para escribir las crónicas in situ. Además ocurrió otro hecho importante para el ajedrez, Lasker y Capablanca firmaron la paz tras sus disputas por las negociaciones por el match del Campeonato del Mundo.

Capablanca acaba con la supremacía Lasker

Toda historia tiene su fin y el reinado de Lasker lo tuvo en el año 1921, aunque con el mejor sucesor posible: el cubano José Raúl Capablanca.

Tras 3 negociaciones fallidas, por las diferencias en las condiciones impuestas por Lasker, llegó la I Guerra Mundial por lo que el match se tuvo que posponer una vez más.

Cuando se fijó una fecha definitiva, habían pasado 11 años desde que Lasker había defendido su título por última vez, era el momento de volver al tablero para pelear hasta la extenuación. El lugar elegido fue la patria del aspirante: La Habana. En este largo periodo de tiempo Lasker había vencido en varios torneos, por lo que la opinión general es que las fuerzas estaban muy equilibradas.

El match comenzó con igualdad, con varias partidas en tablas, pero poco a poco las fuerzas fueron fallando al campeón del mundo, que terminó siendo superado por el juego, que rayaba la perfección, de José Raúl Capablanca. Aunque no puede servir de excusa, Lasker comentó que se había visto muy afectado por el húmedo clima cubano, lo que había ido limando sus fuerzas poco a poco.

El resultado final del match fue 9-5 (4 victorias de José Raúl y 10 tablas).

Tras las desavenencias iniciales entre los dos jugadores, Lasker supo reconocer su derrota y alabó el juego de su rival en una revista holandesa para la que escribía.



Lasker sigue maravillando

Tras la pérdida de su corona, Lasker estuvo dos años sin competir. Su regreso a la competición fue muy exitoso, logrando varias victorias en grandes torneos como Märisch-Ostrau o New York, donde estuvieron los mejores: (New York 1924). Resulta impresionante como Lasker se impuso a este grupo de jugadores (¡¡incluido Capablanca!!), teniendo en cuenta que ya tenía una edad avanzada. Una hazaña tras otra que nos muestra a un jugador especial, que siempre tendrá un lugar reservado en el Olimpo del ajedrez.

Después de este torneo, Lasker tomó la decisión de retirarse del ajedrez para dedicarse a sus otras pasiones: la filosofía y las matemáticas. Pero la llegada al poder en Alemania del nefasto Adolf Hitler (1933), le obligó a volver a los tableros tras 9 años retirado. Lasker era judío y por ello le fueron embargados todos sus bienes y posesiones, esto le hizo regresar a la pobreza de sus primeros años, por lo que se vio obligado a jugar torneos para poder subsistir.

Muchos fueron los jugadores perseguidos por el régimen nazi, por citar algunos: Schlechter, Nimzowitsch, Rubinstein, Przepiorka (que falleció en un campo de concentración), Mieses, Colle, Tarrasch... En el caso de Lasker, los que antes le admiraban pasaron a odiarle, algo que deja claro lo incongruente de las teorías nazis.

Su vuelta se produjo en el Torneo de Zurich de 1934, donde se dieron cita los mejores jugadores de la época. A pesar de tener 66 años, mostró un buen nivel de juego, algo que sorprendió a toda la comunidad ajedrecística. En la primera ronda se enfrentó a Max Euwe (uno de los favoritos) y consiguió vencerle con un precioso sacrificio de Dama, la sala entera se puso en pie y le tributó una ovación inolvidable.

Siguió logrando victorias y lideró el torneo durante varias rondas, pero el cansancio le pasó factura y terminó cediendo ante el impulso de los maestros más jóvenes, para acabar en 5º lugar (por delante de Nizowitsch, Stahlberg, Johner, Bernstein, ...). Resulta increíble que su mente se mantuviese lo suficientemente lúcida para jugar partidas al estilo romántico, como la de Ewue o la que jugó en el Torneo de Moscú ante Pirc. En este último torneo logró ser 3º, otra vez por delante de muchos grandes jugadores, el público moscovita le brindó las mejores ovaciones porque su actuación fue espectacular (a sólo 0'5 puntos del ganador)... y eso que ya tenía 67 años. La afición rusa le puso el cariñoso mote de "Starischok", que significa "el viejecito".

El declive

Evidentemente, Lasker renunció a jugar bajo bandera alemana y tras huir a Londres comenzó a jugar bajo bandera inglesa, para terminar jugando bajo la bandera de la URSS.

Su último torneo lo disputó en Nottingham, en 1936, desplegando un juego que nada tenía que envidiar del resto de maestros. Tras esto viajó a los Estados Unidos, donde pasó los últimos años de su vida. Durante ese tiempo recibió la visita de jóvenes jugadores, ávidos por escuchar los consejos de una leyenda viva del ajedrez.

Lasker fue un gran jugador de ataque, por lo que es frecuente encontrar bellas combinaciones en su partidas. Pero no sólo ese rasgo define su juego; fue un jugador muy completo, perfecto dominador del juego posicional y experto en los finales. Como ya he comentado, aplicaba la psicología a sus partidas, por lo que muchas de sus combinaciones respondían más a un pálpito sobre el estado de ánimo de su rival que a un estilo de juego romántico.

Durante los largos periodos en los que abandonó el ajedrez se dedicó a sus estudios y nos dejó infinidad de libros sobre diversos temas (incluido el ajedrez).

Sus estadísticas en partidas oficiales son: 309 victorias, 62 derrotas, 167 tablas; promedio 72'9%.

[Fuentes: ajedrezdeataque.com, worldchesslinks.net, wikipedia]

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